Mostrar mensagens com a etiqueta Rafael L. Bardají. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta Rafael L. Bardají. Mostrar todas as mensagens

19/03/10

BIBIFÓBIA

A Obama no le sentó bien que Israel girase a la derecha y que Benjamin Netanyahu, «Bibi», fuese el nuevo primer ministro de Israel, hace ahora un año. El presidente norteamericano soñaba con un gran diseño para la región en la que lo importante era una América más próxima al mundo musulmán, que acabase querida por los árabes.
Israel era para eso un obstáculo. Un Israel bajo Bibi un obstáculo insalvable. Netanyahu era lo opuesto a lo que Obama quería en Jerusalén: un líder dócil, y que siguiera fielmente los dictados americanos, hacia Irán, en el proceso de paz, en los asentamientos y hasta en la partición de Jerusalén. Mucho aspirar.

Este año, Netanyahu ha sabido jugar bien sus cartas y logró diluir las divergencias entre ambos países, pero la autorización de nuevas viviendas en Jerusalén ha provocado la mayor crisis desde 1975, a decir del embajador israelí en Washington, Michel Oren. En Israel se da por sentado que todo responde a una política de Obama para atarles las manos frente al programa nuclear iraní, ante el cual se acerca una decisión inexorable: o aceptar la bomba, o impedirla. Asustando a Netanyahu desde América, la Casa Blanca esperaría poder frenarle.

Pero Obama confunde sus deseos con la realidad: la bomba iraní es inaceptable para los israelíes en su conjunto, no sólo para su primer ministro; la popularidad de Netanyahu está en cuotas antes nunca vista para un país que canibaliza a sus políticos, mientras que la de Obama en Israel no supera el 4%, la más baja de toda la historia; Netanyahu es un líder creíble para muchos árabes, mientras que Obama ha perdido gran parte de su credibilidad.

No sé quien puede perder más en estos momentos. En todo caso, quien más gana está claro: un Irán que se frota las manos testigo de las trifulcas de la Casa Blanca con su principal aliado en la zona. Netanyahu no tiene quien le sustituya y Obama debería ya empezar a aceptarlo.


RAFAEL L. BARDAJÍ

17/03/10

ESTADOS UNIDOS-ISRAEL: HAY TENSIÓN


La falta de sintonía política entre Obama y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, supuso un factor de complicación más justo cuando la Casa Blanca se replanteaba sus relaciones con el Estado judío. Lo que Washington necesitaba en Jerusalén era un premier dócil y carente de principios, que se sometiera sin discutir a los nuevos planes americanos, no un ideólogo conservador capaz de plantar cara. A un alto cargo de la Administración Obama le preguntaron qué esperaban del nuevo Gobierno israelí –que ya lleva un año gobernando–, y su respuesta no pudo ser más reveladora: "Otro primer ministro".

Obama, deseoso de ser percibido entre los árabes como menos proclive a apoyar a Israel que sus predecesores, movió ficha enseguida: nombró un enviado especial para el proceso de paz, el senador Mitchell, y encontró en el tema de los asentamientos su caballo de batalla. Israel tenía que hacer más concesiones ante los palestinos, y éstas pasaban por el desmantelamiento de buena parte de los asentamientos.

Obama y sus asesores creían que podrían doblegar a Netanyahu dada la necesidad de que EEUU e Israel mantengan una estrecha relación estratégica en lo relacionado con el programa nuclear iraní, auténtica amenaza existencial para Jerusalén. Y puede que pensaran que no habría mayores problemas al escuchar a Netanyahu, en junio del año pasado, que no se oponía a la solución de los dos estados y, en diciembre, que congelaría las construcciones en los territorios en disputa. La equivocación del equipo de Obama fue tomar las palabras del primer ministro israelí como un compromiso aceptado y aceptable en vez de como una respuesta táctica a las presiones americanas, algo forzado y difícil de tragar. Sobre todo si se tiene en cuenta que Israel ha dado un giro decisivo a la derecha.

Por parte israelí también se han producido errores de interpretación. Por un lado tenemos la incredulidad ante la postura de Obama, que abría la puerta a la posibilidad de que Israel quedara aún más aislado en el panorama internacional. No podía ser verdad, simplemente, que Obama se distanciara tanto de la política tradicional norteamericana. En segundo lugar, tenemos que la historia tiende a favorecer la noción de que los gobernantes israelíes saben más del problema que nadie y serán capaces de maniobrar de tal manera que diluyan los elementos más nocivos para los intereses israelíes: el pasado otorga un grado de arrogancia política que, de malinterpretar el contexto del momento presente, puede ser más que contraproducente. Tercero: tres datos han podido obnubilar a algunos asesores políticos israelíes: la falta de popularidad de Obama en Israel (entre un 2 y un 4%), la pérdida de respaldo del presidente americano en la propia América y la falta de credibilidad del mismo en materia de política exterior. Obama puede haber sido como alguien en retroceso y agobiado por múltiples problemas y, por tanto, débil.

La mala evaluación de la situación de Obama puede estar en la base del rifirrafe que han tenido Jerusalén y Washington a propósito de la autorización israelí a la construcción de inmuebles en un barrio de Jerusalén Este, anunciada mientras el vicepresidente americano visitaba Israel. Aunque Biden aceptó inicialmente las disculpas del propio Netanyahu, este incidente ha sido explotado por la Casa Blanca en su provecho: ha rechazado las excusas israelíes y exigido a Netanyahu la paralización de unas obras que no han comenzado (ni se espera que empiecen en meses). En lugar de haber pasado página, Obama ha vuelto a poner a Israel en el punto de mira.

¿Qué tiene de peligroso este estado de cosas? Pues, para empezar, que la Casa Blanca siga pensando que tiene agarrado a Netanyahu por los… ayatolás, y que Jerusalén empiece a creer en serio que nada bueno cabe esperar de la América de Obama y que está más sola que nunca. Lo peor de todo es que, de seguir Obama en sus trece, quien de verdad creerá que Israel está solo y aislado será el Terror, las fuerzas del Mal que saturan la región: Irán, Hizbolá, Hamás…

La mejor forma de evitar un nuevo conflicto en la región no pasa por mermar la credibilidad y el margen de maniobra del Gobierno de Israel, sino por reforzar su capacidad de disuasión. Pero esto es algo que Barack Obama no parece dispuesto a hacer. Que sea más o menos evidente dependerá de la habilidad de las partes para el disimulo. Y por ahora es bastante escasa…


RAFAEL L. BARDAJÍ

15/01/10

EL MILAGRO ISRAELI



Mientras que el mundo entero se debate sobre si se está tocando el fondo de la crisis o todavía queda lo peor por vivir, Israel acaba de hacer público su crecimiento en el último trimestres del 4% y que espera alcanzar el 5% en este año 2010. Y con un déficit público que no supera el 3%. Hay muchos factores que explican este cuadro tan positivo, como algunas de las decisiones adoptadas por el primer ministro Netanyahu de liberar buena parte del suelo público para permitir la expansión de las zonas urbanas. Pero también el hecho de que Israel se haya constituido como un centro de excelencia en altas tecnologías que están presentes en productos de medio mundo.

El segundo milagro israelí, de hecho, reside en promover esa cultura de la excelencia a pesar de tener que estar luchando todos los días desde su creación, militar y diplomáticamente, por su propia existencia. No hay ningún otro país en el mundo que teniendo que revalidar su legitimidad y defender activamente su derecho a vivir seguro y en paz, no haya caído en un régimen espartano, militar o dictatorial. Israel, a pesar de todo, sigue siendo una democracia como otra cualquiera.

Y el tercer milagro es que lo siga siendo en medio de un mar no sólo de hostilidades, sino de regímenes corruptos, totalitarios y fundamentalistas, con dirigentes sólo motivados por acumular más riqueza personal o permanecer en el poder a toda costa. Esto es, sin escrúpulos para pisotear los más básicos derechos políticos y violar regularmente los derechos humanos.

Mientras, los ayatolás de Irán denuncian la agresión judeo-británico-americana que supuestamente habría acabado esta semana con la vida de uno de sus científicos nucleares. Pero dicho científico era un disidente que pensaba marcharse de Irán en breve... y el régimen de Teherán sigue condenando a muerte a varias mujeres por adulterio.

Es un milagro que Israel, lejos de contaminarse de estas prácticas barbáricas, siga siendo el único faro democrático y occidental en toda la región.


RAFAEL L. BARDAJÍ

07/11/09

¿POR QUÉ ISRAEL NO PUEDE ESPERAR?



¿Hay algo peor que un Estado expansionista? Sí, un Estado expansionista al que no le importa para nada recurrir a grupos terroristas para conseguir sus fines. ¿Y hay algo peor que un Estado expansionista que alienta el terrorismo internacional? Sí, un Estado expansionista y terrorista con ambiciones nucleares. Pues bien, como nos recuerda este libro, fruto de una serie de entrevistas con el liderazgo israelí realizadas en julio, eso es lo que es Irán.

¿Cuál es la ventaja de esta nueva obra sobre Israel e Irán, además de su brevedad y actualidad? Que no se limita a explicarnos el pasado, sino que plantea los futuros (in)mediatos que se le pueden avecinar a Israel.

Hay quien piensa que Israel debe dejar correr el tiempo, ver cómo evoluciona la situación interna en Irán –particularmente tras las elecciones del pasado 12 de junio y las continuas protestas contra Ahmadineyad y el líder supremo, Alí Jamenei– y dejar que el presidente americano, Barack Obama, se dé cuenta de que su política de acercamiento a los ayatolás no da fruto alguno y, consecuentemente, adopte una actitud de firmeza y más sanciones y, quién sabe, profiera algunas amenazas.

Pero tanto lo uno como lo otro puede llevar su tiempo, demasiado tiempo. ¿Por qué cree el autor que Israel no puede permitirse el lujo de esperar? Por una sencilla razón: porque en dos años, pongamos por caso, va a tener que lidiar con demasiados asuntos simultáneamente, lo que le restará capacidad para hacer frente a su peor pesadilla, un Irán nuclear manejado por Ahmadineyad. Hamás y Hizbolá, gracias a la ayuda directa de Teherán (el buque Francop, recientemente interceptado, llevaba 60 toneladas de cohetes y bombas iraníes para la milicia terrorista de Hizbolá en el Líbano) y la dejación de Finul y la UE , en dos años serán más fuertes, estarán mejor armados y tendrán más atrevimiento. Cosas como el informe Goldstone, que da legitimidad a los terroristas palestinos, no pueden sino dar alas a los extremistas en la zona.


En segundo lugar, y precisamente al filo del informe Goldstone, Israel vuelve a sufrir una campaña de deslegitimización que puede acabar, si nadie la para antes, con su aislamiento internacional, lo que puede afectar a sus opciones estratégicas.

En tercer lugar: si el plan Fayyed es apoyado por la UE, como Javier Solana ha sugerido, Israel se va a encontrar en dos años con el reconocimiento internacional, a lo Kosovo, de un Estado palestino, aunque no se entre en la delimitación de sus fronteras y no tenga capacidad para autogobernarse. Lo importante, aquí, es lo simbólico y político.

Por último: en dos años, el primer ministro israelí se estará aproximando inexorablemente a la dramática hora de tener que decidir qué hacer con el programa nuclear iraní, dado que la comunidad internacional habrá sido incapaz de pararlo (como se está viendo de nuevo en la ronda de negociaciones de Ginebra).

Por todo ello, Corsi cree que el tiempo no juega a favor de Israel, y que Jerusalén no puede esperar indefinidamente. Tal vez ni siquiera un rato.

En cualquier caso, es difícil saber qué podrán hacer, llegado el momento, las autoridades judías. Mucho dependerá de las circunstancias. Sea como fuere, si usted quiere enterarse de los factores que cualquier líder israelí debe tener en cuenta en los próximos meses, no deje de leer esta obrita: no le llevará mucho tiempo, y es una más que buena introducción a los dilemas que se afrontan en Oriente Medio.

Eso sí, recuerde que Israel es un país de una sola bomba: a Irán le bastaría con detonar un solo artefacto nuclear para acabar con el Israel que conocemos. Esto es algo que nadie en el Estado judío puede obviar.


JEROME R. CORSI: WHY ISRAEL CAN'T WAIT. THE COMING WAR BETWEEN ISRAEL AND IRAN. Threshold Editions (2009), 128 páginas. 


RAFAEL L. BARDAJÍ

30/10/09

EL AMIGO DE LAS CIVILIZACIONES



La niña bonita de Rodríguez Zapatero, la «Alianza de Civilizaciones» ha contado como gran -y casi único- apoyo con el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Pero el rumbo que éste está imprimiendo a Turquía, alejándola de Occidente e islamizándola progresivamente, obliga a un replanteamiento.

Esta semana Erdogan ha realizado una visita a Teherán para reunirse con Ahmadineyad, a quien ha calificado de «amigo». Aunque no estaba allí para mediar sobre el programa nuclear, el momento elegido no podía ser más crítico al respecto, en medio del tira y afloja sobre las nuevas propuestas para el enriquecimiento de uranio. Su presencia le ha insuflado nuevos bríos a un Ahmadineyad altamente contestado por sus ciudadanos y también por algunos de los suyos.

Para empezar Erdogan ha afirmado que Irán está en su derecho de proseguir con las tecnologías nucleares con las que está trabajando, en clara contradicción con lo que demanda la ONU; en segundo lugar, Erdogan se ha sumado a las diatribas que lanza continuamente el líder iraní contra Israel. Si bien no ha ido tan lejos como Ahmadineyad que pide «borrar del mapa a Israel», Erdogan ha dejado claro que Israel ya no es socio preferente para Turquía.

En las últimas semanas, Turquía impedía la celebración de unas maniobras navales de la OTAN por el mero hecho de que se había invitado a un buque de la Marina israelí, lo que se sumaba al enfrentamiento que el propio Erdogan sostuvo con Peres en Davos y su condena sobre la acción militar contra Hamas en Gaza.

Erdogan fue el primer líder político en felicitar a Ahmadineyad por su victoria del pasado 12 de junio, como sabemos teñida por el fraude masivo y, posteriormente, manchada por la sangre de los manifestantes. Si es este el amigo de la alianza de civilizaciones, más vale que nuestro presidente cambie de amigos. Y pronto.


RAFAEL L. BARDAJÍ

18/09/09

EN DEFENSA DE ISRAEL



Una vieja religión recorre el mundo, el antisemitismo. Cualquier ocasión es buena para criticar a Israel. Sí, porque el antisemitismo postmoderno se disfraza de crítica política al Estado de Israel. El ejemplo más reciente, el informe de la ONU sobre la intervención militar de Gaza de diciembre y enero pasados. Aunque se critica a Hamás, el grueso va dirigido contra Israel a quien se acusa de violar el derecho humanitario bélico. Respuesta «desproporcionada», se dice en las más de 600 páginas de informe, y deseo de aterrorizar a la población de Gaza.

Equiparar el castigo deliberado contra civiles israelíes, incluidos niños en escuelas y guarderías, durante ocho años, uno tras otro, con un total de ocho mil cohetes disparados, a una acción militar que no movilizó más que unos pocos centenares de soldados durante 20 días, dice ya mucho de la ONU, una organización dominada por el rencor y el antioccidentalismo de las variopintas tiranías del mundo.

Como dice el hecho de que la acusación de desproporcionalidad se sustente sobre el dato de que murieron unos 1.300 gazeños frente a «sólo» un puñado de israelíes. Si Hamás no ha asesinado a más israelíes no se debe a no buscarlo, sino a su incapacidad para hacerlo. Justo lo contrario que el ejército de Israel que quien lo conoce, sabe que intenta evitar las bajas propias y enemigas tanto como puede.

Pero todo cuanto se diga da igual. Ser antiisraelí es una cuestión de fe. Basta con creer en ello. Su verja de seguridad —que tantos ataques terroristas ha frustrado— se condena sin más, olvidando, por ejemplo, que nosotros somos más que felices con las que rodean Ceuta y Melilla. Los afganos que mata nuestro ejército son siempre combatientes talibanes, nunca civiles, a pesar de que, como los milicianos de Hamás, no vistan uniformes ni distintivos. ¿De verdad creemos que Israel le pone a sus niños cinturones explosivos?


RAFAEL L. BARDAJÍ